La caída del consumo de carne vacuna en Argentina volvió a generar preocupación en el sector cárnico. Según un informe de la Cámara de la Industria y el Comercio de Carnes y Derivados (Ciccra), el consumo por habitante alcanzó en mayo uno de los niveles más bajos de los últimos 20 años. Desde la Sociedad de Carniceros de Rosario atribuyen esta situación principalmente a la pérdida de poder adquisitivo de las familias.
Juan Ramos, presidente de la entidad, habló en Radio Sí y señaló que la demanda de carne vacuna depende directamente del ingreso de los consumidores y destacó que cada vez más hogares optan por proteínas más accesibles, como el pollo y el cerdo. Aunque los precios de la carne se mantienen relativamente estables desde hace más de dos meses, esta situación no logró revertir la baja en las ventas.
Los hábitos de compra también cambiaron. Mientras a comienzos de mes siguen siendo elegidos cortes tradicionales como nalga, cuadril, peceto y asado, hacia el final predominan opciones más económicas como brazuelo, palomita, roast beef, chingolo y carne picada. Según los carniceros, los consumidores priorizan cada vez más la relación entre calidad y precio.
En este contexto, la carne de cerdo ganó protagonismo. Cortes como nalga, cuadril y cabeza de lomo porcinos, con valores cercanos a la mitad de los cortes vacunos, se consolidaron como una alternativa habitual para la elaboración de milanesas, bifes y preparaciones al horno.
A pesar de la competencia de supermercados y grandes cadenas, las carnicerías de barrio mantienen su relevancia gracias al trato personalizado y el asesoramiento al cliente. Sin embargo, los comerciantes reconocen que enfrentan márgenes de rentabilidad cada vez más ajustados por el aumento de los costos operativos.
El sector apuesta a adaptarse a un consumidor más cuidadoso con sus gastos, mientras la carne vacuna continúa lejos de los niveles de consumo registrados en años anteriores.


