Las nuevas dirigentas de los sectores más representativos y golpeados del empleo estatal marcan, desde ATE Rosario y con proyección nacional, la importancia del acceso de las mujeres a los espacios de definición política sindical. La discusión atraviesa la precarización laboral, el rol del gremio y la centralidad de la formación, con el eje puesto en la organización colectiva.
Si la actividad sindical fuera un videojuego, durante décadas los sectores mayoritarios disputaron el acceso a los puestos de decisión con joysticks averiados. El sujeto histórico de referencia fue el varón, heterosexual, blanco y sostén de familia. Aunque el mundo del trabajo cambió, las figuras representativas y sus discursos tardaron en hacerlo. En la Seccional Rosario de ATE, un gremio con cien años de historia, recién en los últimos años las compañeras comenzaron a ocupar cargos de definición política.
La conversación reúne a Raquel Stechina, enfermera del Centro Regional de Salud Mental Agudo Ávila con 14 años de labor y reelecta como referenta del cuerpo de delegados; Vanesa Zapata, mucama e integrante de Servicios Generales del Hospital Geriátrico Provincial, electa por primera vez como Secretaria General de la Junta Interna; Melina Gutiérrez, instrumentadora quirúrgica del PAMI II, precarizada desde hace ocho años y primera Secretaria General mujer de la Junta Interna de ATE PAMI Rosario; y Lorena Almirón, ecónoma con 31 años de servicio en la Escuela 1396 de Santa Lucía, referente de asistentes escolares y primera Secretaria General mujer en la historia de ATE Rosario y de la CTA Autónoma regional.

Puntos de partida
La Seccional Rosario está compuesta en un 80% por mujeres. Los escalafones más numerosos pertenecen a sectores altamente feminizados y mal pagos, como educación y salud. “Es importante que las direcciones sindicales sean de los sectores mayoritarios no solo en género sino también en tareas”, define Almirón. “Quien padece la desigualdad, defiende los derechos de otra manera”, agrega Gutiérrez.
Las dirigentas coinciden en que las exigencias no son iguales. Rasgos valorados como liderazgo en los varones suelen ser cuestionados en las mujeres. Almirón remarca que existe una definición política del sindicato de promover direcciones femeninas en juntas internas y cuerpos de delegados, aunque advierte que la pelea no termina al llegar: “A las mujeres nos exigen más y de peor manera”.
Durante el intercambio se identifican al menos tres niveles de dificultad. El primero, las tareas de cuidado y los trabajos más precarios y peor remunerados. El segundo, una estructura sindical históricamente patriarcal que pone a las mujeres en evaluación permanente. El tercero, estructuras administrativas que reproducen el maltrato, tanto presencial como virtual. “Cuesta más, siendo mujer, llegar a la puerta del director”, resume Zapata. Gutiérrez agrega que, al ocupar la conducción, “se prueba la resistencia” de manera distinta a la de los varones.
En la mira
Precarización laboral, salarios bajos, infraestructura deficiente, falta de recursos y violencia laboral aparecen como los principales problemas de los sectores que representan: educación, salud mental y atención de adultos mayores. En el Hospital Geriátrico, se denuncian retrasos de meses en el pago de horas monotributo y situaciones de riesgo vinculadas a la falta de formación y recursos en salud mental. En PAMI, Gutiérrez describe violencia institucional, salarios por debajo de la línea de pobreza y un éxodo de personal que pone en jaque a los policlínicos propios del organismo.
En el Agudo Ávila, Stechina advierte sobre la incertidumbre laboral ante el plan de transformación a Hospital de Día, con traslados costosos y una fuerte presión psicoemocional para el personal.
Jugársela
Las nuevas conducciones apuestan a la comunicación directa con los trabajadores y a una mayor presencia en los lugares de trabajo. Gutiérrez sostiene que quienes padecen lo peor del mundo laboral deben ocupar los espacios de poder para transformarlo. Stechina plantea un cambio de paradigma: el sindicalismo no solo como confrontación, sino también como diálogo, conocimiento y construcción de proyectos con compromiso en cada ámbito laboral.
Casa, humanidad y refugio
Para las entrevistadas, ATE Rosario es casa, refugio, formación y contención. Destacan la apertura a la discusión, la libertad para decidir y la importancia de la formación constante como herramienta para que mujeres y nuevas generaciones no queden relegadas en la discusión política sindical.
En el plano provincial, Almirón denuncia el impacto de las políticas del gobierno de Maximiliano Pullaro sobre los salarios y las condiciones laborales en educación, así como el avance de la tercerización en salud laboral. Gutiérrez concluye que es necesario recuperar la noción de servicio público y garantía de derechos frente a la lógica de costo e individualismo, y fortalecer la organización y la lucha colectiva.
Con un segundo mandato al frente de la Seccional Rosario, Almirón subraya que el sindicato se construye con participación activa. “Nuestra herramienta es la huelga, con organización y lucha, pero eso se hace de conjunto”, afirma. En un escenario de crisis, las dirigentas coinciden en que abrir paso a nuevas lideresas no es solo una cuestión de justicia de género, sino una condición para representar los nuevos mundos del trabajo y defender derechos conquistados.


